lunes, 25 de mayo de 2015

Oraciones de San Cirilo de Alejandría a la Virgen.

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Encomio a la Santa Madre de Dios


Dios te salve, María, Madre de Dios,
tesoro veneradísimo de todo el orbe,
antorcha inextinguible, corona de virginidad,
cetro de recta doctrina,
templo indestructible,
habitación de Aquél que es inabarcable,
Virgen y Madre, por quien nos ha sido dado
Aquél que es llamado bendito por excelencia,
y que ha venido en nombre del Padre.

Salve a ti, que en tu santo y
virginal seno has encerrado
al Inmenso e Incomprehensible.

Por quien la Santísima Trinidad es
adorada y glorificada,
y la preciosa Cruz se venera y
festeja en toda la tierra.
Por quien exulta el Cielo,
se alegran los ángeles y
arcángeles, huyen los demonios.
Por quien el tentador fue arrojado del Cielo y
la criatura caída es llevada al Paraíso.
Por quien todos los hombres, aprisionados por el engaño de los
ídolos, llegan al conocimiento de la verdad.
Por quien el santo Bautismo es regalado a los creyentes,
se obtiene el óleo de la alegría, es fundada la Iglesia en todo el mundo,
y las gentes son movidas a penitencia.

¿Y qué más puedo decir?

Por quien el Unigénito Hijo de Dios brilló como Luz
sobre los que yacían en las tinieblas y sombras de la muerte.
Por quien los Profetas preanunciaron las cosas futuras.
Por quien los Apóstoles predicaron la salvación a los gentiles.
Por quien los muertos resucitan y los reyes reinan, por la Santísima Trinidad.

¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como semerece a María, que es digna de toda alabanza? Es Virgen
Madre, ¡oh cosa maravillosa! Este milagro me llena de estupor.

¿Quién ha oído decir que al constructor de un templo se le prohíba habitar en él?
¿Quién podrá ser tachado de ignominia
por el hecho de que tome a su propia Esclava por Madre?
Así, pues, todo el mundo se alegra (...);

También nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne,
temer y dar culto a la Santa Trinidad, celebrar con nuestros
himnos a María, siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su
Hijo, el Esposo de la Iglesia, Jesucristo Nuestro Señor.
A Él sea la gloria por los siglos de los siglos.

Amén.






También San Cirilo de Alejandría nos ha dejado esta preciosa oración a Santa María agradeciéndole la eucaristía…




“¡Oh Santísima Señora, Theotokos, luz de mi pobre alma, mi esperanza,

mi protección, mi refugio, mi consuelo, y mi alegría!

Te agradezco por haberme permitido participar

del purísimo cuerpo y de la purísima sangre de tu Hijo.



Ilumina los ojos de mi corazón, O Bendita Virgen

que llevaste la fuente de la inmortalidad.

O tiernísima y amorosa Madre del Dios misericordioso; ten misericordia de mi

y concédeme un corazón arrepentido y contrito con humildad de mente.



Guarda mis pensamientos de que se pierdan en toda clase de distracciones,

y hazme siempre digno, hasta mi último aliento,

de recibir los purísimos misterios de Cristo para la sanación

de mi alma y cuerpo.



Dame lágrimas de arrepentimiento y de agradecimiento

para que yo pueda cantarte

y alabarte todos los días de mi vida,

porque tú eres siempre bendita y alabada. Amén.”



(SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Oración de agradecimiento a la Virgen María)

Oración a la Virgen de Anfiloquio de iconio.

Virgen





Cantémosla, pues, santamente, disponiéndonos con alegría a celebrar, glorificar y engrandecer estos sacramentos incomprensibles e inefables y, empezando por la salutación celeste del ángel San Gabriel, digamos: Ave gratia plena, Dominus tecum.

Repitamos esta síntesis del ángel, diciendo:

Salve, alegría suspirada de los hombres;

salve, gloria de la Iglesia;

salve, hermoso rostro resplandeciente por divinos fulgores;

salve, venerabilísimo monumento;

salve, saludable y espiritual vellocino de oro;

salve, vestida de luz, madre del Sol sin ocaso;

salve, madre incorrupta de santidad;

salve, resplandeciente fuente de aguas vivas;

salve, sí, nueva madre, prodigio de un nuevo nacimiento;

salve, libro nuevo de Isaías, lleno de nuevas revelaciones;
fieles testigos tuyos son los ángeles y los hombres.

Dios te salve, alabastro de ungüento de santificación;

Dios te salve, oh Virgen, que compraste a buen precio el denario de la virginidad;

salve, imagen que encierras a tu propio artífice;

Dios te salve, Virgen, que con tu humanidad enamoraste a Dios y
estrechaste en tu seno al que los cielos inmensos no pueden contener.


(ANFILOQUIO DE ICONIO, Sermón de Navidad, Huber, 401-402)

La mirada de un sacerdote. Carta de San Francisco de Asis.



A fray N., ministro: El Señor te bendiga (cf. Núm 6,24). 2Acerca del caso de tu alma, te digo, como puedo, que todo aquello que te impide amar al Señor Dios, y quienquiera que sea para ti un impedimento, trátese de frailes o de otros, aun cuando te azotaran, debes tenerlo todo por gracia. 3Y así lo quieras y no otra cosa. 4Y tenlo esto por verdadera obediencia al Señor Dios y mí, porque sé firmemente que ésta es verdadera obediencia. 5Y ama a aquellos que te hacen esto. 6Y no quieras de ellos otra cosa, sino cuanto el Señor te dé. 7Y ámalos en esto; y no quieras que sean mejores cristianos. 8Y que esto sea para ti más que el eremitorio. 9Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. 10Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. 11Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos. 12Y, cuando puedas, haz saber a los guardianes que, por tu parte, estás resuelto a obrar así.

Stella maris, succurre cadenti, surgere qui curat, populo




Alma Redemptoris Mater, quæ pervia cæli
Porta manes, et stella maris, succurre cadenti,
Surgere qui curat, populo: tu quæ genuisti,
Natura mirante, tuum sanctum Genitorem
Virgo prius ac posterius, Gabrielis ab ore
Sumens illud Ave, peccatorum miserere.

  "Al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensación de su limitación y asaltado por aspiraciones sin confín, turbado en el ánimo y dividido en el corazón, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comunión, presa de sentimientos de náusea y hastío, la Virgen, contemplada en su vicisitud evangélica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad, de la paz sobre la turbación, de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte". (57).

                
                                                                              Beato Pablo VI. Marialis Cultus.

jueves, 16 de abril de 2015

Beata María de Jesús Crucificado. (1846-1878). Carmelita descalza.





    En 1983 fue proclamada Beata, año en el cual se celebró el Jubileo de la redención. He aquí las palabras pronunciadas por Juan Pablo II: “El amor de la hermana María de Jesús Crucificado era fuerte como la muerte. Las más duras pruebas no pudieron apagar este amor. Más bien lo purificaron y fortalecieron. Ella lo ha dado todo por este amor.” Y el Pontífice hacía notar que la nueva beata pertenecía a los tres pueblos de Oriente, que todavía se baten en guerra en la Tierra de Jesús, y que por ende necesitan tanto la paz.

En Abellin, hoy la veneran los cristianos y los musulmanes, para todos, ella es la “Kedise”, la Santa; y muchos devotos recuentan, a la antigua manera bíblica, los milagros obtenidos por ella.

     También para los occidentales Mariam tiene mucho que decir.

Julien Green nos ha dejado en su Diario esta significativa nota: “ En una obra que me han prestado he leído la historia de una joven Palestina que siente compasión fino al dolor por los pajaritos que ella sin querer había matado, metiéndoles en el agua para bañarlos. Es cristiana. Siente una Voz que le dice: “Todo pasa así. Quieres que me quede contigo para siempre? Quieres darme tu corazón?” Esta voz, la condujo al Carmelo.

     Cuantos de nosotros hemos oído esta voz y no la hemos escuchado: hay para colmar de tristeza una vida entera. Leo con avidez la historia de esta predestinada” (Diario 1928 -1958, Pág. 1074-75)



Canonizada el 17 de mayo de 2015.


jueves, 2 de abril de 2015

Surrexit Christus spes mea. Domingo de Resurrección del Señor.







A la Víctima pascual
consagren los cristianos las debidas alabanzas.
El Cordero redimió a las ovejas:
Cristo inocente reconcilió a los pecadores con su Padre.

La muerte y la Vida se trabaron
en imponente duelo:
El Autor de la Vida, aunque murió,
ahora reina vivo.

Dinos, María, ¿qué has visto en el camino?

Vi el sepulcro de Cristo viviente,
y la gloria del que resucitó.
Vi por testigos a los ángeles;
y vi su sudario y sus vestidos.

Resucitó Cristo, mi esperanza;
precederá en Galilea a los suyos.

Sabemos que Cristo verdaderamente
resucitó de entre los muertos:
Y por lo tanto, Tú Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

Amen. Aleluya.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! Exultet de la Vigilia Pascual.



Texto en latín
Exultet iam angelica turba caelorum:
exultent divina mysteria:
et pro tanti Regis victoria tuba insonet salutaris.

Gaudeat et tellus tantis irradiata fulgoribus:
et, aeterni Regis splendore illustrata,
totius orbis se sentiat amisisse caliginem.

Laetetur et mater Ecclesia,
tanti luminis adornata fulgoribus:
et magnis populorum vocibus haec aula resultet.

Quapropter astantes vos, fratres carissimi,
ad tam miram huius sancti luminis claritatem,
una mecum, quaeso,
Dei omnipotentis misericordiam invocate.
Ut, qui me non meis meritis
intra Levitarum numerum dignatus est aggregare,
luminis sui claritatem infundens,
cerei huius laudem implere perficiat.
Per Dominun nostrum Jesum Christum Filium suum,
qui cum eo vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus
Per omnia saecula saeculorum. AMEN.

Vers. Dominus vobiscum.
Resp. Et cum spiritu tuo.
Vers. Sursum corda.
Resp. Habemus ad Dominum.
Vers. Gratias agamus Domino Deo nostro.
Resp. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,
invisibilem Deum Patrem omnipotentem
Filiumque eius unigenitum,
Dominum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis affectu et vocis ministerio personare.

Qui pro nobis aeterno Patri Adae debitum solvit,
et veteris piaculi cautionem pio cruore detersit.

Haec sunt enim festa paschalia,
in quibus verus ille Agnus occiditur,
cuius sanguine postes fidelium consecrantur.

Haec nox est,
in qua primum patres nostros, filios Israel
eductos de Aegypto,
Mare Rubrum sicco vestigio transire fecisti.

Haec igitur nox est,
quae peccatorum tenebras columnae illuminatione purgavit.

Haec nox est,
quae hodie per universum mundum in Christo credentes,
a vitiis saeculi et caligine peccatorum segregatos,
reddit gratiae, sociat sanctitati.

Haec nox est,
in qua, destructis vinculis mortis,
Christus ab inferis victor ascendit.

Nihil enim nobis nasci profuit,
nisi redimi profuisset.
O mira circa nos tuae pietatis dignatio!
O inaestimabilis dilectio caritatis:
ut servum redimeres, Filium tradidisti!

O certe necessarium Adae peccatum,
quod Christi morte deletum est!
O felix culpa,
quae talem ac tantum meruit habere Redemptorem!

O vere beata nox,
quae sola meruit scire tempus et horam,
in qua Christus ab inferis resurrexit!

Haec nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminabitur:
et nox illuminatio mea in deliciis meis.

Huius igitur sanctificatio noctis fugat scelera, culpas lavat:
et reddit innocentiam lapsis
et maestis laetitiam.
Fugat odia, concordiam parat
et curvat imperia.

In huius igitur noctis gratia, suscipe, sancte Pater,
laudis huius sacrificium vespertinum,
quod tibi in hac cerei oblatione sollemni,
per ministrorum manus
de operibus apum, sacrosancta reddit Ecclesia.

Sed iam columnae huius praeconia novimus,
quam in honorem Dei rutilans ignis accendit.
Qui, licet sit divisus in partes,
mutuati tamen luminis detrimenta non novit.

Alitur enim liquantibus ceris,
quas in substantiam pretiosae huius lampadis
apis mater eduxit.

O vere beata nox,
in qua terrenis caelestia, humanis divina iunguntur!

Oramus ergo te, Domine,
ut cereus iste in honorem tui nominis consecratus,
ad noctis huius caliginem destruendam,
indeficiens perseveret.
Et in odorem suavitatis acceptus,
supernis luminaribus misceatur.

Flammas eius lucifer matutinus inveniat:
Ille, inquam, lucifer, qui nescit occasum:
Christus Filius tuus,
qui, regressus ab inferis, humano generi serenus illuxit,
et tecum vivit et regnat in saecula saeculorum.

Resp. Amen.


Texto en Español
Exulten por fin los coros de los ángeles,
Exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla,
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo
con las aclamaciones del pueblo.

Por eso, queridos hermanos,
que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente,
para que aquel que, sin mérito mío,
me agregó al número de los Diáconos,
completen mi alabanza a este cirio,
infundiendo el resplandor de su luz.

El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque Él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su Sangre , canceló el recibo,
del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya Sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en que sacaste de Egipto,
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche
en la que por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados
de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó del abismo.

Esta es la noche de que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los potentes.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Sábado Santo. Un gran silencio envuelve la tierra.



Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado


¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos».
A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos.
Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza.
Levántate salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti.

Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

miércoles, 1 de abril de 2015

Viernes Santo de la Pasión del Señor




Una homilía atribuida a san Efrén (hacia 306-373), diácono en siria, doctor de la Iglesia


“Cuando estaré levantado sobre la tierra, atraeré todo hacia mí.” (Jn 12,32)
 
    Hoy avanza la cruz, la creación exulta; la cruz, camino de los descarriados, esperanza de los cristianos, predicación de los apóstoles, seguridad del universo, fundamento de la Iglesia, fuente para los sedientos... En una gran dulzura, Jesús es conducido a la pasión: es conducido al juicio de Pilato; a la hora sexta es flagelado; hasta la hora nona soporta los dolores de los clavos. Luego, la muerte pone fin a su Pasión. A la hora doce, es bajado de la cruz; parece un león dormido.

    Durante el juicio, la sabiduría se calla y la Palabra no dice nada. Sus enemigos lo desprecian y lo crucifican... Aquellos, a quienes ayer, él había dado su cuerpo como alimento, lo miran de lejos. Pedro, el primero de los apóstoles huyó el primero. Andrés también se largó, y Juan, que descansaba sobre el pecho del Señor no impidió que un soldado le traspasara el costado con una lanza. Los doce han desaparecido; no han dicho ni palabra a favor de Jesús, ellos, por los que él dio su vida. Lázaro no está allí, él que fue rescatado de la muerte. El ciego no ha llorado a aquel que le abrió sus ojos a la luz, y el cojo que puede caminar gracias a él, no ha corrido tras Jesús.

    Sólo un bandido, crucificado con él, lo confiesa y lo llama su rey. ¡O, ladrón, primicia de la cruz, primer fruto del árbol de Gólgota...! El Señor reina, la creación está llena de gozo. La cruz triunfa y todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos (Ap 7,9) vienen a adorar...en una sola Iglesia, una sola fe, un solo bautismo en la caridad. La cruz se levanta en el centro del mundo, fijada sobre el calvario.

Jueves Santo en la Cena del Señor



Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
El diálogo, 134
 
“Tomando la copa...les dijo: Esta es la copa de mi sangre...derramada por muchos para la remisión de los pecados.”  (Mt 26.28)
 
    Oh, Amor inestimable! Revelando tus secretos me has dado el remedio dulce y amargo a la vez que me cura de mis enfermedades, que arranca de  mi ignorancia y de mi negligencia. Reanima mi esfuerzo y me llena de un deseo ardiente de refugiarme en ti. Me has mostrado tu bondad y los ultrajes que has sufrido de parte de todos los hombres, entre ellos de los ministros sagrados. Me haces llorar sobre mí  misma, pobre pecadora, y sobre los que viven miserablemente, más muertos que vivos, tú que eres la bondad infinita. ...Te pido insistentemente: ten misericordia del mundo y de tu Iglesia santa!

    Oh, pobre de mí, mi alma está dolorida a causa del mal que he cometido. No tardes, Señor, a hacer misericordia al mundo, accede a cumplir los deseos de tus servidores...Desean la sangre por la que has lavado la iniquidad y borrado la mancha del pecado de Adán. Esta sangre nos pertenece ya que en ella nos ofreces un baño. Tú no quieres ni puedes negarla a quien te la pide sinceramente. Da, pues, el fruto de esta sangre a tus criaturas... Por esta sangre, te piden que tengas misericordia de este mundo. 


¿Sabes por qué el que es la misericordia no huyó de la muerte?


                San Cirilo de Jerusalén (313-350), obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
                                                Catequesis bautismal 13,6

 
“Se acerca el momento, y quiero celebrar la cena de pascua en tu casa.”
 
    Seguramente quieres que se te demuestre que Cristo se entregó voluntariamente a la pasión. Los demás mueren contra su voluntad porque mueren en la oscuridad, pero él predijo de su pasión: “el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen.” (Mt 26,2) ¿Sabes por qué el que es la misericordia no huyó de la muerte? Para que el mundo entero no se pierda por sus pecados. “Estamos subiendo a Jerusalén. Allí el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, que lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los paganos, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen.” (Mt 20,18-19) y "se encaminó decididamente hacia Jerusalén"(Lc 9,51).

    También quieres saber con certeza que la cruz es una gloria para Jesús. ¡Escucha lo que él te dice y no yo. Judas, ingrato contra Jesús, iba a entregarlo. Acababa de levantarse de la mesa y de beber de la copa de bendición, y como agradecimiento por la bebida de salvación, decide derramar sangre inocente. El que había comido el pan de su Maestro, se lo agradece de una manera deshonrosa llevándolo a la muerte.... Luego, Jesús dijo: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.” (Jn 12,23) ¿Te das cuenta que él sabe que la cruz es su gloria? ... No porque antes hubiera estado sin gloria ya que fue glorificado “de la gloria que tenía antes de la creación del mundo” (cf Jn 17,5) Pero, como Dios, es glorificado eternamente, mientras que ahora, es glorificado por haber merecido la corona de la gloria por su constancia en la prueba.

    No fue obligado a dejar la vida, no fue inmolado por fuerza sino que se entregó libremente. Escucha lo que dice: “Tengo poder para entregar la vida y tengo poder para recobrarla.” (Jn 10,18) “Me entrego a mis enemigos con plena voluntad, porque si no quisiera, nada de esto se realizaría.” Ha venido a escoger la pasión, contento del resultado, sonriente por la corona, feliz de salvar a la humanidad.

martes, 31 de marzo de 2015

Lo que no puede ser negado, puede ser lavado.


EL llanto de San Pedro. El Greco.




San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Tratado sobre el evangelio de Lucas, 49-52; 87-89; SC 52 pag 173, 185


“Te aseguro, Pedro, que antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces.”

Hermanos, ¡convirtámonos! ¡Guardémonos de disputas sobre categorías entre nosotros! Si los apóstoles han contestado (cf Lc 22,24), no nos tiene que ser pretexto para nosotros de hacer lo mismo, antes bien es un aviso. Pedro se convirtió, es cierto, el día que respondió a la primera llamada del Maestro, pero ¿quién puede decir que su propia conversión ya se ha realizado? (...)


El Señor nos da ejemplo. Tenemos necesidad de todo; él no necesita de nadie y, sin embargo, se muestra humilde en el servicio de sus discípulos. (...) En cuanto a Pedro, dispuesto en su espíritu, sin duda, pero todavía débil en las disposiciones de su cuerpo (Mt 26,41) le previene Jesús que le negará. La pasión del Señor encuentra sus imitadores pero no igualadores. Así que no reprocho a Pedro de haber negado a Cristo; le felicito por haber llorado. Lo uno es resultado de nuestra condición común; lo otro es señal de virtud, de fuerza interior. (...) Pero, aunque nosotros le excusamos, él no se excusó (...). Prefirió acusarse a si mismo de su pecado que agravarlo con otra negación. Pedro lloró...


Leo que Pedro lloró, no leo que haya dado excusas. Lo que no puede ser negado puede ser lavado. Las lágrimas sirven para lavar aquellas faltas que no osamos confesar de viva voz... Las lágrimas proclaman la falta sin temblor (...). Las lágrimas no piden perdón y, no obstante, lo alcanzan. (...) ¡Buenas lágrimas, las que lavan la culpa! Lloran aquellos a los que Jesús mira. Pedro negó una primera vez y no lloró porque el Señor no lo había mirado. Le negó una segunda vez, no lloró porque el Señor todavía no lo había mirado. Le negó una tercera vez: Jesús le miró y él lloró amargamente. ¡Míranos, Señor Jesús, para que sepamos llorar nuestro pecado!

miércoles, 28 de enero de 2015

San Ambrosio de Milan. Cada día eres mártir de Cristo.




El martirio interior 

Muchos me persiguen y me afligen: pero no me he apartado de tus mandamientos (Sal 118, 157). Los peores perseguidores no son los que se manifiestan como tales, sino aquéllos que no se ven. ¡Y de éstos hay muchos! Pues del mismo modo que un rey perseguidor ordenaba muchos mandatos de acosamiento y los hostigadores se desparramaban por todas las provincias y ciudades, el diablo lanza a muchos de sus ministros, para que persigan a todas las almas, no sólo por fuera sino también por dentro. De estas persecuciones se dijo: todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo, sufrirán persecución (2 Tim 3, 12). El Apóstol escribió todos; no exceptuó ninguno. Pues, ¿quién puede ser exceptuado cuando el mismo Señor toleró las tentativas de persecución? Persigue la avaricia; persigue la ambición; persigue la lujuria; persigue la soberbia y persiguen los placeres de la carne. No olvides que el Apóstol dijo: huid de la fornicación (1 Cor 6, 18). ¿Y de qué huyes, sino de aquello que te persigue?: el mal espíritu de la lujuria, el mal espíritu de la avaricia, el mal espíritu de la soberbia. Los perseguidores temibles son aquéllos que, sin el terror de la espada, destruyen con frecuencia el espíritu del hombre; aquéllos que, más con halagos que con espanto, someten las almas de los fieles. Éstos son los enemigos de los que te debes guardar, éstos son los tiranos más peligrosos, por los que Adán fue vencido. Muchos, coronados en públicas persecuciones, cayeron en estas persecuciones ocultas. Por fuera, dijo el Apóstol, luchas; por dentro, temores (2 Cor 7, 5). Adviertes qué duro es el combate que hay en el interior del hombre, para que se bata consigo mismo y luche contra sus pasiones. El mismo Apóstol vacila, duda, es atenazado y manifiesta que está sujeto a la ley del pecado y reducido por su cuerpo de muerte, y no podría evadirse, si no fuera liberado por la gracia de Cristo Jesús (cfr. Rm 7, 23-25) Y del mismo modo que hay muchas persecuciones, así también hay muchos martirios. Todos los días eres testigo de Cristo. Eres mártir de Cristo si sufriste la tentación del espíritu de lujuria, pero, temeroso del futuro juicio de Cristo, no pensaste en profanar la pureza del alma y del cuerpo. Eres mártir de Cristo si fuiste tentado por el espíritu de la avaricia para apoderarte de los bienes de los inferiores o no respetar los derechos de las viudas indefensas, pero juzgaste que era mejor alcanzar la riqueza por la contemplación de los preceptos divinos, que cometer la injusticia. Cristo quiere estar cerca de tales testigos, según está escrito: aprended a obrar el bien, buscad lo justo, respetad al agraviado, haced justicia al huérfano, y amparad a la viuda: venid y entendámonos (Is 1, 17-18). Eres mártir de Cristo si fuiste tentado por el espíritu de soberbia, pero, viendo al débil y desvalido, te compadeciste con piadoso espíritu, y amaste la humildad más que la arrogancia. Y aún más si diste testimonio no sólo de palabra, sino también con obras. Pues ¿quién es testigo más fiel, que aquél que confiesa que el Señor Jesús se ha encarnado, al tiempo que guarda los preceptos del Evangelio? Porque quien escucha y no pone por obra, niega a Cristo. Aunque lo confiese de palabra, lo niega por las obras. Pues a muchos que dicen: Señor, Señor, ¿acaso en tu nombre no hemos profetizado, arrojado demonios y obrado muchas virtudes? (Mt 7, 22), les dirá en aquel día: apartaos de mí todos los que hayáis obrado la iniquidad (Ibid., 23). Porque es testigo aquél que, haciéndose fiador con sus hechos, confiesa a Cristo Jesús. ¡Cuántos, todos los días, son mártires de Cristo en oculto, y confiesan al Señor Jesús con sus obras! El Apóstol conocía este martirio y testimonio fiel de Cristo, cuando afirmaba: ésta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia (2 Cor 1, 12) (...). Muchos me persiguen, y me afligen. Quizá Cristo dice esto, y lo dice con la voz de cada uno de nosotros: el adversario lo persigue dentro de nosotros. Si pretendes que nadie te persiga, apartas a Cristo, que sufrió tentación para vencerla. Donde el diablo lo ve, allí prepara insidias, allí maquina los ardides de la tentación, allí urde sus engaños, para rechazarlo si pudiera. Pero donde el diablo combate, allí está presente Cristo; donde el diablo asedia, allí Cristo está encerrado y defiende los muros de la fortaleza espiritual. Así pues, el que retrocede ante la llegada del perseguidor, expulsa también al defensor. Por tanto, cuando oigas: muchos me persiguen y me afligen, no temas, que también puedes decir: si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rm 8, 31). Esto afirma con verdad aquél que, por los testimonios del Señor, se aparta sin rodeos de la senda de los vicios. SAN AMBROSIO, Exposición sobre el Salmo 118, XX, 45-48, 51.